Siempre fui una ferviente admiradora del cambio, la transformación. Pero cuesta.
Hoy necesito el despojo. Pero no justamente el desarraigo.
Esto es algo que no sé qué es. ni que será.
Los objetos tienen ese no sé qué, como las callecitas de Buenos Aires, cargados de recuerdos, momentos, nostalgias e invitaciones a la melancolía.
Son huellas del pasado. Testigos.
Limpiarse de objetos no tiene porqué necesariamente significar limpiarse de recuerdos. Pero sí es necesario depurar. Filtrar.
Reelaborar o reciclar. ¿Reconstruir la memoria?
Pensar en que quiero hacer para ser quien quiera ser me va a volver loca. Del pensamiento a la acción, y vamos por partes... que la ansiedad es mi primer enemigo.
Y el motor de la cabeza está en quinta velocidad mientras aún no puedo soltar el embrague.
Calculo que por aquí abundaran teorías y reflexiones contradictorias. Deseos y miedos. Quizás también adolezca de pereza y este sea un espacio vacío, pero abierto a ser llenado con esta necesidad de catarsis.
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