26.2.12

del nunca es suficiente al exceso

Cuando nada nunca es suficiente, se llega al exceso. Al demasiado.

Y hoy todo es peso y carga. Cada mínimo objeto que me rodea, cada registro, cada foto. Incluso cada miga desperdigada en el suelo es indicio de la comida del desayuno. Si se desparramó yerba en el escritorio esta mañana, me hará recordar la hora en la que leía el diario.

Pero no solo es peso y carga, sino potencia de cambio. De reinterpretación del tiempo, de releer, porque no puedo vivir el presente con esta mochila tan grande y pesada. Y la única opción sería un huir, dejar todo sin mirar atrás.

Pero aún así, por más que quiera despojarme y liberarme, hay un aferrarse secreto. ¡Es tan difícil despegarse!

Y es que hoy quiero creer que lograré soltar, pero no sin hacer un proceso de reciclaje. Reconstrucción de la memoria pasada, para mirar adelante con distintos ojos. O mismo mirar el aquí y el ahora.

También este camino al que me invito, es una excusa para demorarme más tiempo en esta despedida de las cosas que soltaré. Tiempo para cambiar el signo de los recuerdos. ¿O sentir y autoconvencerme que las memorias e historias contenidas en cada uno de los objetos se inmortalizan, en estos nuevos medios digitales/virtuales?

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